
Conversando con Gordon Porter sobre el liderazgo administrativo necesario para avanzar hacia la educación inclusiva.
Experto de renombre internacional, asesor, investigador y profesor retirado de la Universidad de Maine en Presque Island (EE.UU.) el profesor Gordon Porter es director de Inclusive Education Initiatives de la Asociación Canadiense para la Vida Comunitaria. Hace unos meses ha sido galardonado con el premio Whitworth de investigación educativa que cada año concede la Asociación de Educación Canadiense. Este premio es un reconocimiento a sus más de 30 años defendiendo los derechos de las personas con discapacidad y a su importante contribución nacional e internacional al desarrollo de la inclusión educativa, tanto en las escuelas de New Brunswick (Canadá) consideradas un ejemplo de buenas prácticas por la UNESCO y la OCDE, como en los más de 40 países visitados en los últimos 15 años.
Esta entrevista[1] proporciona una visión retrospectiva de los factores que han propiciado el avance hacia la inclusión educativa en un contexto con más de 20 años de experiencia. Uno de estos factores, y quizás el más importante, es el apoyo político-administrativo y el liderazgo ejercido por supervisores, directores y docentes.
Pregunta: Hace algunos años usted fue uno de los principales ponentes de la Conferencia Mundial sobre Necesidades Educativas Especiales de Salamanca promovida por la UNESCO que dio lugar a la declaración internacional más importante sobre la educación inclusiva hasta nuestros días. Trece años después de este acontecimiento, parece que la situación apenas ha cambiado en la mayor parte de los países europeos ¿Cuál es la razón?
Respuesta: Bien, efectivamente estuve en Salamanca y recuerdo perfectamente cuál era la actitud entonces, en 1994. Creo que las cosas han cambiado bastante y que el debate actual sobre la educación inclusiva se encuentra en un nivel mucho más elevado, puesto que ahora existe una comprensión generalizada de que los niños con necesidades especiales o con discapacidades necesitan formar parte de sus comunidades escolares. Cuando lo de Salamanca, la gente aún tenía problemas con la idea de cómo conceptualizar este cambio, había una sensación generalizada de que se necesitaba una atención específica para garantizar el aprendizaje estos niños. Creo que el cambio ha sido sustancial en algunas partes del mundo pues, trabajo mucho en Latinoamérica y allí bastantes países han iniciado profundos cambios comprendiendo que la inclusión es el camino hacia el futuro. Aunque en muchos de estos países el tema tiene un trasfondo económico porque, para aproximarse al nivel de desarrollo de la Educación Especial conseguido en Europa Occidental y Norteamérica, necesitarían muchos más recursos de los disponibles (escuelas y prestaciones especiales...). Si se invierte en colegios de educación inclusiva, o lo que es lo mismo, en cada escuela de barrio, y se proporciona a los niños que viven en esa zona el apoyo y los recursos necesarios para que vayan a esa escuela y se beneficien de ello, entonces se está invirtiendo en una institución de la cual todos sacan partido. Pero cuando se lleva a cabo una atención especial y se invierte todo el dinero en escuelas, clases, o recursos especiales, la población en general no se ve afectada o ayudada por esos gastos. Así que cuando se gasta dinero en escuelas ordinarias, mejorándolas para que puedan ser inclusivas, se está creando un beneficio general para la comunidad y para la sociedad. No sé exactamente lo que ocurre en Europa, pero sé que hay algunos países europeos, que he tenido la oportunidad de visitar y con los que he trabajado, que sí que están avanzando. Es el caso de Portugal por ejemplo y pienso que lo de Salamanca inspiró a algunos países a realizar cambios, aunque en general muchos de ellos se han quedado estancados en modelos antiguos, en un tipo de atención profesionalizada impersonal que surgió tras la Segunda Guerra Mundial. Es lamentable, pero no sé cuánto tiempo llevará deshacer el gran atasco y hacer que las cosas se muevan en Europa, pero esperamos que ocurra algún día.
Pregunta: ¿Por qué algunos países, regiones o provincias (como New Brunswick) han desarrollado un sistema inclusivo? ¿Qué factores lo facilitan?
Respuesta: Bueno, concretamente en lo que a New Brunswick y a otras zonas de Canadá respecta, uno de los motivos es que muchas provincias están formadas por pequeñas ciudades, pueblos y aldeas, donde no ha existido el sistema educativo especial, tradicional y sofisticado. De modo que nuestro sistema ha sido más bien primitivo y sencillo, comparado con el de las grandes ciudades de Canadá, Estados Unidos y Europa occidental. Nuestro sistema no estaba tan profesionalizado, era más sencillo, y cuando se nos ocurrió la idea de la inclusión a principios de los ochenta, fuimos capaces de capturar esa visión y comenzar a hacerla realidad. Desde luego que tuvimos resistencia, había gente que se mofaba y otra que decía que no era algo realista. Pero no había suficiente resistencia, no había suficiente gente para detener el cambio y pudimos hacer prácticas aquí en Woodstock, a nivel local y cambiar la política en el ámbito local durante 1983-84. Después el gobierno provincial, presionado para actuar, cambió la ley en 1986. Así que, de hecho, ya han pasado 21 años desde que tenemos una legislación que contempla la inclusión y exige que ésta se produzca. De modo que esta es una de las razones.
Otra cuestión fundamental es que ha de existir un liderazgo claro tanto a nivel político-administrativo como docente. La gente debe entender que la inclusión es beneficiosa para las comunidades y para la mejora escolar. No puede verse simplemente como un problema de cómo tratar a los niños con discapacidad. La inclusión no consiste en eso, sino en crear escuelas ordinarias que puedan atender a todos nuestros niños. La cuestión clave está en que las escuelas públicas ordinarias de la comunidad, pagadas por los ciudadanos, han rehusado y se han resistido a atender a todos los niños. La cuestión no es el éxito o fracaso de la Educación Especial, esta sólo existe porque las escuelas ordinarias no han cumplido con su obligación básica. En New Brunswick tuvimos ese liderazgo, encabezado por las instancias políticas superiores, por el primer ministro del momento y por los supervisores y altos funcionarios de la enseñanza. Y hubo distritos escolares que sí que avanzaban, demostrando que la cosa podía funcionar, que la inclusión era una realidad y que no se trataba de una idea radical y loca de la izquierda sino de un enfoque normal orientado a la familia y lleno de sentido común.
Otro factor es el trabajo con las familias. Creo que para que surja una inclusión realmente firme, hay que contar con un fuerte apoyo de los padres y de las familias como elemento esencial. Y los padres apoyan la inclusión cuando ven que las escuelas ordinarias comienzan a hacer para sus hijos e hijas con necesidades especiales lo que hacen para otros niños, cuando las escuelas demuestran que van en serio y que quieren atender a todos los niños. Hasta que no lo demuestren es difícil que los padres confíen si nunca han tenido indicio alguno de la de que la escuela ordinaria se ha interesado por sus hijos o se ha comprometido a atenderles.
Pregunta: Sigue habiendo una gran distancia entre la inclusión como concepto (todo el mundo está de acuerdo, todo el mundo lo acepta...) y la inclusión hecha realidad, en las escuelas ¿A qué se debe?
Respuesta: Bueno, pienso que lo que hay que conseguir es que todas las buenas ideas sobre inclusión lleguen a las personas que tienen autoridad en el sistema educativo y a los profesores para lograr aplicaciones prácticas. Esto no es fácil y exige un trabajo duro. Lo que pasó aquí en New Brunswick, donde formé parte del liderazgo educativo, es que adoptamos la idea, la teoría y la filosofía de la inclusión, pero también tuvimos control sobre la organización, de modo que los mismos que pensamos que era una buena idea podíamos regular el sistema y organizar actividades con dinero para respaldarlas. Y eso significa trabajar con supervisores y directores de escuelas, hablar de lo que necesitan hacer, crear nuevos cargos. Por ejemplo, cuando comenzamos, teníamos maestros que trabajaban en clases especiales y maestros de recursos que se pasaban todo el tiempo sacando a los niños de las clases y trabajando con ellos en grupos pequeños. Tomamos esos puestos y creamos una nueva figura a la que llamamos "Maestros de método y recursos" que eran los responsables de asistir a los profesores fuera cual fuera el niño de su clase que les planteaba un reto. Su trabajo era principalmente de colaboración, consulta y apoyo a los profesores de aula y se les dio una formación intensiva, inculcándoles la filosofía de la inclusión y las estrategias prácticas necesarias para apoyar a los profesores en su trabajo. También dimos mucha formación a los profesores de aula y a los directores. Se invirtió mucho en recursos para el desarrollo de las capacidades, la comprensión de conceptos y de prácticas que conllevarían la inclusión.
Pregunta: Y ello exige también cambiar la cultura organizativa de los centros hacia la inclusión. ¿Usted considera que el cambio debe ser global...o podemos hablar de prácticas inclusivas en un determinado centro o incluso en determinados contextos segregadores?
Respuesta: Bueno, creo que la idea de inclusión consiste en hacer que las escuelas ordinarias atiendan a nuestros hijos. El punto de partida fundamental está en que las instituciones ordinarias se conviertan en instituciones inclusivas. No se trata de hacer pequeños ajustes en instituciones especiales para intentar que parezcan actualizadas o que están haciendo lo políticamente correcto. Las escuelas inclusivas son entes naturales, creaciones naturales. Son lo que siempre habrían tenido que ser, es decir, hay una comunidad, esa comunidad tiene una escuela, los niños van a la escuela, todos los niños van a esa escuela. Y ese es el proceso natural, es lo que la educación inclusiva está intentando recuperar.
Pienso que, como sociedad, simplemente tenemos que aceptar que todos los niños necesitan la educación en el sentido más amplio. Se trata de que las escuelas públicas trabajen de forma eficaz para atender a todos los alumnos, a eso nos referimos cuando hablamos de educación inclusiva. Aquí en Canadá, y en muchos de los lugares que he visitado, se ven los intentos de aquellos que quieren introducir sólo pequeños y ligeros cambios para después poder decir: «Ah, sí, tenemos prácticas inclusivas», aunque en el fondo lo que aplican son prácticas dispersas y, en mi opinión, inútiles para promover el cambio. Creo que el reto que se les plantea a los dirigentes consiste en lograr lo más difícil: introducir los cambios. Así que no se trata de encontrar pequeñas vías para intentar subvertir el giro radical que supone la inclusión como reto para las instituciones educativas.
Pregunta: A partir de su experiencia ¿piensa usted que la inclusión educativa promueve la inclusión social? En New Brunswick concretamente ¿qué pasa con los estudiantes con discapacidad después de la escuela?¿Podemos decir que ha mejorado su calidad de vida?
Respuesta: Sin duda, la inclusión favorece la interacción social y la inclusión social, lo cual no quiere decir que sea fácil. Quiero decir que hay muchos estudiantes que no entablan amistades de modo natural en las escuelas. Así pues, se trata de un reto y no hay una solución mágica. Lo que está claro es que la inclusión brinda oportunidades. También está claro, creo yo, tras los 25 años de experiencia en Woodstock, que gradualmente sí que se consigue transformar la sociedad. Tienes chavales jóvenes que crecen con niños discapacitados en sus clases y con sus actitudes... Por ejemplo, ante la pregunta "¿debemos promover la inclusión o no?", la respuesta es evidente para los jóvenes y no entienden por qué los adultos pueden llegar a plantearse el tema. Han crecido con algún niño tal vez ciego, tal vez gravemente afectado, sordo... y comprenden la diversidad de la sociedad mejor que las personas mayores. Por lo tanto, sí, la inclusión brinda oportunidades para una mayor inclusión social y para construir futuros mejores.
Bueno, ¿y después de la escuela qué? Tenemos agencias que se centran en conseguir que los jóvenes consigan trabajos en la sociedad, pero no primando el tipo de enfoque de talleres de readaptación de minusválidos, sino haciendo más trabajo, mejor trabajo, consiguiendo que un mayor número de estudiantes tengan un trabajo cuando dejan la escuela y se encaminan hacia su vida de adultos. También desarrollamos programa en centros universitarios. Canadá tiene muchos ejemplos de universidades que admiten estudiantes con necesidades especiales, incluidas las discapacidades de tipo intelectual, y que hacen esfuerzos para que estos alumnos formen parte de la comunidad. Pues bien, ¿quiere esto decir que el proceso espera que estos alumnos realicen todo el trabajo propio de una clase universitaria? Sin duda, no, aunque hay maneras de conseguir que esta sea una experiencia realista y positiva para todos. En el caso de los colegios universitarios, es diferente. Cientos de estudiantes han participado en un programa llamado "Conexiones" que inscribe a estudiantes con necesidades especiales en programas ordinarios de colegios universitarios. Se ha tratado de que los trabajadores del apoyo estén en los centros y ayuden a facilitar este proceso, así como a los profesores. Por lo tanto, pienso que en términos de desarrollo social, la inclusión educativa resulta un paso esencial para su consecución, pero no lo garantiza. Verlo hecho realidad conlleva un esfuerzo individual y casos individuales.
Pregunta: Después de la obtención del premio Whitworth 2007 de investigación educativa ¿cuales son sus proyectos más inmediatos?
Respuesta: En la actualidad estoy trabajando en un nuevo libro que recoge artículos sobre educación inclusiva y descripciones prácticas que utilizan el método de "estudio de caso" para distribuirlo a padres y profesores, en colaboración con el Centro de Profesores de Ontario. Desempeño una cátedra y participo activamente en la Comisión de Derechos Humanos de New Brunswick y soy editor del portal w.w.w.inclusiveeducation.ca punto de encuentro de padres, profesionales y miembros de la comunidad interesados en la inclusión educativa y social.
Odet Moliner García
Universidad Jaume I. Castellón.
http://adide.org/revista/index.php?option=com_content&task=view&id=266&I
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